Terapia online para migrantes que sienten soledad al vivir afuera

La soledad de vivir afuera, incluso cuando todo parece estar bien

Vivir afuera puede traer estabilidad y oportunidades, pero también una soledad difícil de explicar. Una mirada terapéutica para migrantes y expatriados.

La soledad de estar acompañdo

Hay una soledad particular en la migración. No siempre es la soledad de no tener gente cerca. A veces hay compañeros de trabajo, vecinos, pareja, hijos, grupos de WhatsApp y hasta un señor en el supermercado que ya te saluda porque te ha visto sufrir frente a los aguacates. Pero aun así algo se siente lejos.

Me suelo encontrar muchas veces con esta escena: personas que han logrado construir una vida afuera, pero que por dentro sienten una distancia difícil de nombrar. No es necesariamente depresión. No es necesariamente arrepentimiento. A veces es una sensación más sutil: estar funcionando, pero no sentirse del todo en casa.

No es solo extrañar

Extrañar hace parte del proceso, claro. Se extraña la familia, los amigos, la comida, el clima, los códigos, los chistes que no toca explicar y esa facilidad de moverse por una ciudad sin tener que pensar tanto. Pero la soledad migrante no es solo nostalgia.

También puede aparecer cuando uno siente que nadie conoce su historia completa. En el nuevo país, muchas personas te conocen desde “esta versión” de ti: el trabajo que tienes ahora, el idioma que hablas como puedes, la ciudad donde vives, la vida que lograste armar. Pero no conocen todo lo anterior.

No conocen tus años de esfuerzo, tus pérdidas, tus formas de amar, tus referencias, tus heridas, tus logros, tus miedos viejos, tus personajes familiares, tus frases internas. No conocen esa biografía que en tu país estaba más disponible, aunque fuera en pedazos. Y cuando nadie conoce de dónde vienes emocionalmente, uno puede sentirse un poco invisible.

Adaptarse también agota

Migrar exige una cantidad enorme de adaptación. Al principio todo pide energía: entender trámites, aprender reglas, hacer amigos, responder bien, no equivocarse, no parecer perdido, no molestar, no quedar como “el intenso latino” ni como “el latino demasiado callado”. Una cuerda floja con acento. Ese esfuerzo constante puede producir cansancio emocional.

No porque la persona sea débil. Al contrario. Muchas veces aparece precisamente en personas muy funcionales, muy responsables, muy buenas para resolver. Personas que han hecho tanto por sostener su nueva vida que no se han detenido a preguntarse cómo están. La adaptación no es solo práctica. También es psicológica.

El problema de estar lejos cuando algo duele

Vivir afuera también cambia la forma en que uno atraviesa los momentos difíciles. Una ruptura, una crisis de pareja, una enfermedad familiar, una decisión importante o una etapa de incertidumbre pueden sentirse más pesadas cuando la red emocional está lejos.

La videollamada ayuda, pero no siempre alcanza. Hay conversaciones que consuelan, sí. Pero también hay momentos en los que uno necesita algo más que un “ánimo, tú puedes” enviado desde otro huso horario.

A veces la persona necesita pensar con alguien. Ordenar lo que siente. Separar lo urgente de lo importante. Entender si quiere quedarse, volver, cambiar de trabajo, hablar con la pareja, poner límites o simplemente dejar de exigirse como si fuera una máquina internacional de alto rendimiento.

Una pregunta útil

Cuando la soledad aparece, puede servir hacerse una pregunta sencilla:

¿Qué tipo de compañía estoy necesitando?

No toda soledad se resuelve con más planes. A veces necesitas compañía social: salir, conocer gente, tener rutina, pertenecer a algún espacio. A veces necesitas compañía emocional: poder hablar sin explicar tanto, sentirte comprendido, compartir algo verdadero. A veces necesitas compañía interna: dejar de tratarte con dureza, reconocer que migrar también exige duelo, paciencia y reorganización. Y a veces necesitas compañía terapéutica: un espacio donde no tengas que demostrar que estás bien, donde puedas pensar tu vida sin traducirte todo el tiempo.

Vivir afuera también puede volverse propio

Sentirse solo en otro país no significa que hayas tomado una mala decisión. Tampoco significa que debas volver, quedarte para siempre o resolver toda tu vida esta semana. Gracias a Dios, porque uno a veces no sabe ni qué va a almorzar. Significa que algo necesita atención.

La vida afuera puede volverse más habitable cuando dejas de exigirte estar adaptado todo el tiempo y empiezas a construir una forma más real de estar ahí. Con vínculos, con pausas, con idioma emocional, con decisiones más claras y con menos obligación de parecer invencible. Migrar no solo implica encontrar un lugar en el mapa.

También implica encontrar una forma de sentirte acompañado en la vida que estás construyendo.

Referencias científicas

Bhugra, D., Gupta, S., Bhui, K., Craig, T., Dogra, N., Ingleby, J. D., Kirkbride, J., Moussaoui, D., Nazroo, J., Qureshi, A., Stompe, T., & Tribe, R. (2011). WPA guidance on mental health and mental health care in migrants. World Psychiatry, 10(1), 2–10.

Jang, H., Tang, F., & Chiriboga, D. A. (2022). Loneliness, age at immigration, family relationships, and depressive symptoms among older immigrants. Research on Aging, 44(5–6), 390–400.

Lerias, D., Byrne, M., & Gabhainn, S. N. (2024). The role of acculturative stress on the mental health of migrant youth: A systematic review. International Journal of Environmental Research and Public Health.

Comparte